Las aventuras de Paula y Pol

Aún perdiendo la partida salgo ganando

Apología de la teta

Publicado por yolimommy en 29 Octubre 2009

Tras 23 meses de dar el pecho, 5 de ellos en tándem, he de reconocer que la técnica de amamantar tan depurada que tengo puede ser la envidia de cualquier mamífero que esté en época de alimentar a las crías. Es tal la naturalidad con la que me sustraigo la teta, tal con la que me conecto y me desconecto, recojo, tapo, enderezo y continuo que me va a parecer muy extraño el día que ya no tenga que hacerlo más.
Años luz de aquellos primeros días en los que un dolor muy intenso se plantó alrededor de mi pezón como agujas de faquir pinchando mi piel más sensible; de aquellas duchas de agua fría sobre mis pechos para aliviar el dolor de unas heridas desgarradas que parecían resquebrajarse aún más a cada roce mínimo de cualquier cosa que la gravedad hiciese pasarse por ahí sin preguntar; de las inútiles pezoneras aconsejadas por unos y desaconsejadas por otros y las cremas cicatrizantes que nunca fueron mejor que el alivio proporcionado por la propia leche usada como ungüento; la descomunal sed a cada toma habiendo llegado a tomar hasta una garrafa de 8L en un sólo día; y cómo no, la incipiente dependencia desarrollada en los dos pequeños hacia la única depositaria de su sustento y las inevitables dudas de ésta: inseguridad por no saber con certeza absoluta que la pequeña Paula no lloraba de hambre, hecho éste que me hacía volver a darle de mamar una y otra vez hasta que se acababa durmiendo en mis brazos por juntarse la toma con el sueño. Junto al mar de dudas comenzaban a coger forma las costumbres: costumbre de dormir con el pecho, y como el pecho está pegado a mí, la de dormir conmigo, y como no quepo en la cuna, la de dormir conmigo y en la cama grande que ahora es pequeña, un día tras otros durante semanas que pasan a ser meses y sin ser consciente estás practicando lo que llaman colecho mientras aquél libro de un tal Estivil, un entendido en sueño infantil con nombre de editorial, almacena polvo y pena en la estantería que tan pacientemente lo acoge.
Y tampoco hay pecho sin la ayuda de los brazos, brazos que abarcan perfectamente lo que sus cuerpecitos ocupan y se acoplan mejor que a los ergonómicos carros y sillas y los desechan por preferir ir a cuestas por las buenas sensaciones que les reportan. Entonces echo mano a inventos ancestrales ahora retocados por las modas que los quieren rescatar, y me coloco un fular a modo de mujer africana para no resentir la ya de por si castigada espalda.
Lo que algunos llaman vicio yo lo llamo necesidad, y me sublevo a lo que la Paula y el Pol me piden. Mientras esto sucede, en la distancia un Punset me dice que “bebé dependiente, adulto independiente”, y un Carlos González que voy por buen camino, sin olvidar los principios de la OMS sobre lactancia materna que nada se divulgan en los ambulatorios pediátricos, y emocionada me animo a seguir sin mirar atrás. Por supuesto que hay esfuerzo y sacrificio en el empeño, y exclamo un silencioso “mierda pa mí!” cuando de noche salgo de un cuarto para meterme en otro muerta de sueño por el reclamo de uno y otro, cuando la Paula no almuerza por haberse saciado de madrugada o el Pol no duerme del tirón por querer mamar a cada despertar nocturno. Parece entonces que nada sale como en las películas donde las madres no tienen ojeras y los bebés duermen a la hora de cenar, y miro atrás pensando en lo que hice mal para llegar a implicarme tanto sin calibrarlo, ceder en mi hábitos en pro a los suyos, en engancharme tanto creedora de no tener instinto y sentir que no hay marcha atrás.
Entonces en un segundo me ilumino y todo cobra sentido, me percato de lo sensacional que es conseguir sacarla de las pesadillas de la noche con la sana costumbre de mamar que le acompaña desde el primer día, en calmarle la sed sin necesidad de despertarlo, en notarlos calmados tras el desasosiego inicial.
Dar la teta ha dejado de ser una mera opción de alimentación a la que me había animado a seguir, impulsada unos pocos meses antes por unas locas hippies del ambulatorio que se hacían llamar comadronas y que sustituían al sr. ginecólogo las veces que la visita no iba acompañada de resultados analíticos o ecografías, para pasar a ser una forma de vivir que comenzó a tomar forma a raíz de un continuo error de cálculo, fraguado desde el momento en el que los pechos no llevan señalados los ml de capacidad, ni reloj con alarma, ni transparencia en la forma ni límite en su contenido. El pecho se ha ido convirtiendo en ese amigo común que un día me presentó tímidamente aquel 29 de noviembre, y más adelante un 22 de mayo a mis dos peques.
El día que ya no tenga que dar el pecho, celebraré la despedida como la marcha de un buen amigo que nos deja porque su función de Mesías la da por zanjada, y deberemos reemprender la marcha hacia otros vínculos afectivos que seguirán con la tarea comenzada por la omnipresente lactancia.

Dar el pecho es una forma de alimentar económica al recién nacido, y algo más.

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5 y 23 meses

Publicado por yolimommy en 28 Octubre 2009

El Pol está hecho un caramelo, pero de aquellos mañicos de gran peso y volumen en forma de lingote pues tiene unas medidas de 10 kilitos en 73 cm de cuerpo. Ya va en la silla de paseo sentado y mirando todo lo que sus grandes ojos no se quieren perder. En el coche también va erguido en la que era la silla de la Paula. Empieza a aguantarse sentado todo y que sus tetitas besan los dedos de sus pies cada vez que lo intenta. Se coge con dificultad su piececito derecho y se lo queda mirando con alegría. Los 5 lobitos empiezan a gustarle y lo demuestra con un elegante giro de muñecas y la práctica del colecho ya es una realidad que se da con total normalidad cada noche. A diferencia que con su hermana, no me cuestiono lo más mínimo si las prácticas llevadas a cabo están bien o mal, dejo las teorías atrapadas en los libros y sigo el instito, que se rije por la voluntad del pequeño. Sigue más risueño que nunca.
La Paula ejerciendo cada día mejor de hermana mayor, le vocaliza el nombre de las cosas que ella tan bien conoce y se las muestra bajo un insistente “mira Poool, mira Pooool”. A veces es tal la alegría que le provoca verle que se tira a pellizcarlo. Tiene cada día más energía, corre como una moto y come entretenida viendo sus dibujos preferidos, abierta a cualquier nuevo sabor que le acercas a la boca. Habla con una facilidad asombrosa, y se esmera en perfeccionar lo aprendido. Le gusta hacer mucho el payaso y conseguir que los demás se rían con sus tonterías, que no deja de repetirlas cuando ve que funcionan. Está mucho más suelta a la hora de relacionarse con los demás y las noches con despertares entre lágrimas están pasando a la historia (crucemos los dedos). Es una rubia de armas tomar.
Son dos amores.

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3, 2, 1… Destete

Publicado por yolimommy en 23 Octubre 2009

Pequeñas insinuaciones de que el inevitable destete está por llegar. Estos días atrás se ha dormido algún mediodía en brazos de mi padre a la hora de la siesta y un par de veces estirada en el sofá arropada con una manta, y lleva tres noches durmiendo del tirón sin pedir la mágica teta para volver a tener felices sueños y la mar de contenta que está. Parece increíble, pero algún día la Paula dejará de recostarse en mi brazo izquierdo y pinzarme el pezón con esa maestría y ese arte propios del veterano que no hace notar diente alguno en las adiestradas glándulas mamarias y eso que tiene ya unos cuantos, muchos. Ese día parece no tener cabida en nuestras rutinas con la teta las cuales han sobrevivido primero a la bajada de leche los meses posteriores al cuarto mes, segundo al embarazo del Pol, con el cambio a posturas nuevas por mi descomunal barriga, el cambio de sabor en la leche y la retirada obligatoria durante los últimos meses por prescripción del pediatra para evitar riesgos de parto prematuro, y tercero a la lactancia en tándem con la consecuente obligación de compartir algo que hasta ahora había sido exclusivamente de su propiedad; pero ese día llega, y parece que la naturaleza está determinando que no tardará, ahora, ahora que la leche me sale en abundancia para amamantar a alguno más, ahora que el tndem se ha establecido con absoluta normalidad, ahora que se acerca su segundo aniversario y no me importaría volver a empezar, ahora….

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4 y 22 meses

Publicado por yolimommy en 29 Septiembre 2009

Hay que pasarlo del cuco a la silla de paseo cuanto antes. Su cabecita se levanta para fisgonear lo que pasa a su alrededor y que no alcanza a ver estando reclinado lo que da de sí el respaldo. Las carcajadas se suceden con la naturalidad con la que la belleza coge forma en su luminosa carita. Los balbuceos son muy variados, grita y eterniza el final en un LA sostenido que más de un cantante de rock lo quisiera para sí. Aprisiona los labios como queriéndose arrancar por bulerías pero no acaba de conseguirlo aunque no tardará en soltar el “pa-pa” o “ma-ma” que tanto significado tiene sin tener. Es muy chafardero, empieza a interesarle más la música por la forma en que pinza las cajas de cds, y por ende también la lectura (el ruido del papel al arrugarse le hipnotiza) prefiriendo chupar cualquier cosa antes que sus manitas, que ya pasan a un segundo plano. Sus temas, el piro-pa-piro, rivaliza con el triqui-triqui-triqui-triqui-triqui-babalú del Demis Roussos, tema éste que le arranca una sonrisa de oreja a oreja allá donde esté. La mayor de sus virtudes sigue siendo lo enormemente risueño que es.
Su hermana sigue creciendo a lo largo y ancho del conocimiento más desconocido. Aprende a hablar con la facilidad de un erasmus y nado entre el asombro y la responsabilidad de ver qué es lo que aprende. Es muy voluntariosa en querer ayudar en todo lo que se le pide siempre que vaya acompañado del juego. Sus últimas aficiones son el dibujo libre y la plastilina, así que no tardaremos en comenzar el primer libro de manualidades para recopilar con éxito tanto arte desperdigado. La familiaridad y la sociabilidad poco a poco van dejando atrás a la desconfianza: ya no se esconde ni pide brazos al ver al peluquero o al vecino del 7, aunque exclama aquello de “mama susto” cuando ve venir cualquier figura masculina que no conoce. Muchas veces estoy de acuerdo con ella pero mis 32 años me ayudan a disimularlo. Sigue despertándose de noche para mamar al menos una vez y la locura con la teta sigue siendo su perdición, y también la mía pues nunca creí que llegaría a dar el pecho en tándem. Soy pro lactancia materna pero tampoco una defensora a ultranza de ciertos conservadurismos en relación a esta manera de vivirla. Pero, como me está pasando con la crianza de los dos peques, uno no acaba eligiendo cómo llevarla a cabo, simplemente me dejo llevar.
La observación minuciosa sigue siendo la mayor de sus cualidades.
Feliz cumple mes bombones.

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Neruda

Publicado por yolimommy en 27 Septiembre 2009

Una mano hizo el número.
Juntó una piedrecita
con otra, un trueno
con un trueno, un águila caída
con otra águila,
una flecha con otra
y en la paciencia del granito
una mano
hizo dos incisiones, dos heridas,
dos surcos: nació el
número.

Creció el número dos y luego
el cuatro:
fueron saliendo todos
de una mano:
el cinco, el seis,
el siete,
el ocho, nueve, el cero,
como huevos perpetuos
de un ave
dura
como la piedra,
que puso tantos números
sin gastarse, y adentro
del número otro número
y otro adentro del otro,
prolíferos, fecundos,
amargos, antagónicos,
numerando,
creciendo
en las montañas, en los intestinos,
en los jardines, en los subterráneos,
cayendo de los libros,
volando sobre Kansas y Morelia,
cubriéndonos, cegándonos, matándonos
desde las mesas, desde los bolsillos,
los números, los números,
los números.

Pablo Neruda, Las manos del día, 1968.

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Ronda del silbidito

Publicado por yolimommy en 12 Septiembre 2009

El día que yo me case
Ha de ser a gusto mío
El día que yo me case
Ha de ser a gusto mío
Has de salir al balcón
Al tiempo de hacer yo
Pío pío pío pa pío pa
Pío pío pío pa pío pa
Pa parabarabá

Muerto de hambre y sin cenar
Y tiritando de frío
Muerto de hambre y sin cenar
Y tiritando de frío
Estoy pasando y pasando
Sólo por hacer yo
Pío pío pío pa pío pa
Pío pío pío pa pío pa
Pa parabarabá

Y aquí se acaba la historia
De aquellos amores míos
Y aquí se acaba la historia
De aquellos amores míos
Ella se marchó con otro
Yo me quedé haciendo
Pío pío pío pa pío pa
Pío pío pío pa pío pa
Pa parabarabá

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40 º a la sombra

Publicado por yolimommy en 12 Septiembre 2009

Una fiebre casi de 40 grados me dejó seca la boca y aceleró mi pulso casi tanto como al de ella. Parecía una estufa y yo simulaba controlar la situación para no alarmarnos sin medida. Aún y así, no pudimos evitar dejarnos la cartilla con su historial médico encima de la mesa del comedor al salir de casa con ella en brazos. Presentaba un cuadro sin síntomas aparentes pero con una fiebre muy alta y eso nos llevó a personarnos en menos de media hora en la sala de urgencias pediátricas. Para entonces, la fiebre había bajado bajo los efectos de la Apiretal y hallarnos a escasos metros de un entendido de lo desconocido, nos tranquilizó. El Pol dormitaba en su cuco, permitiéndonos centrarnos en lo que tocaba, como siempre hace en momentos delicados. Sobre las 6:30 nos atendieron y sobre las 8 volvíamos con el alta para casa. Apiretal cada 8 horas o cada vez que le subiera la fiebre, y a esperar a tener síntomas para volver a subir si fuese necesario. Algo descontenta me dejó pues nos trató de exagerados al subir de madrugada pero por lo menos descartamos la infección de orina que meses antes ya tuvo con similar evolución.
La medicina suministrada, muchos mimos y abrazos, mucha comprensión con su inapetencia de todo, y mucha, mucha pero que mucha teta. Al día siguiente al ver que la fiebre subía hasta 39 acudimos al pediatra suplente del ambulatorio. Poco nuevo, sin infección de oído ni de garganta ni gastroenteritis. Esa misma noche vomitó un par de veces, la escasa comida que consiguió comer, así que decidí acudir al día siguiente de nuevo al médico, otro diferente por estar el de costumbre de vacaciones, y a lo ya sabido añadió que de teta mejor que no le diera, que eso era ir para atrás en lugar de para delante, que era un atraso dar pecho a un bebé de 21 meses. Retirarle el pecho ahora, le dije, era privarle de lo único que lograba tomar, de lo único que sabía con certeza que le sentaba bien. Ella insistió en que no pasaba nada por que no comiera en días, y cierto es, pero tampoco entendía la rotundidad de su negativa cuando no soy yo si no la OMS quien aconseja dar el pecho al bebé durante los dos primeros años de vida. Todo lo extremista y categórico que llega a mis oídos hace tiempo que lo tacho de incongruente, así que me fui como vine, aunque con algo bueno: la fiebre estaba bajando.
Pasados los 3 primeros días, empezó de nuevo a querer jugar, algo más risueña y con un mínimo de apetito.
Ya estaba pasando la borrasca.
Hoy, a casi dos semanas vista, puedo decir que está totalmente recuperada. Le ha quedado una mamitis aguda, pero casi sin importancia.

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Primera comida exitosa en familia

Publicado por yolimommy en 25 Agosto 2009

Ruidos chispeantes se oyen acercarse hasta la cocina. Los reconozco, son los diminutos-grandes pies de la Paula. De apronto cesan. Giro medio tronco sin sacar las manos de la pica y la observo plantada en el umbral de la puerta. Con temor a ser ensordecida por alguno de sus espontáneos llantos le sonrío a lo que me suelta un exultante ” Hoooooolaaaaaaa” que me perturba tanto o más. Le respondo con un “hola!!” igual de entusiasta y con el disimulo del que está fregando los platos sin frotar observo cómo alarga el cuello por encima de la mesa para ver qué se está cociendo en ella. Con premura, me seco las manos sin aclarar y comienzo a poner la mesa de tres comensales, (tres!!) canturreando aquello de “comer, comeeer, comer, comeeer…” e iniciando un mono-diálogo sin respiro: Ahora la Paula va a comer un poquito, eh? y la mama trae su silla (la trona) y come sopita y carne como el papa y la mama, eh? ves? pero aún no que quema! la mama le pone un cubito, ves? ya no quema! papa! veeen! cooooorrre ven (venga collons!!)!
A lo que me calla con una definitiva y resolutoria distribución de los comensales “Silla papa” señalando la más cercana a la galería y “silla Paula” señalando la mía. Sin pega alguna a lo que ha de ser la primera cena en familia de comida normal y sin la muletilla del triturado “porsiacá” (comida triturada que siempre hago por si a caso cuando tengo intención de que coma algo nuevo) insto a su padre a que traiga una silla. La sentamos, y una visualización de ella metiéndose la cuchara de sopa por los ojos me alerta de que con un cojín la cosa puede funcionar mejor. Con las prisas del jefe de cocina por satisfacer rápido y bien a su exigente comensal, meto prisa a mi pinche a que lo traiga de inmediato y lo coloque en un abrir y cerrar de ojos bajo su culo de mal asiento y elevar así su barbilla a la altura del plato. La observamos. Sigue contenta y dispuesta a cenar con nosotros. Por fin dispuestos alrededor de la mesa y apunto de empezar. Me apremio entonces a engullir una cucharada con la boca bien abierta sin parar en la cuenta que la mía no tenía hielo alguno. Lo disimulo con un buen trago de agua fría que invita a beber. Entonces, y tras repetidas manifestaciones de su padre y mías denotando lo placentero que puede llegar a ser comer una triste sopa de fideos en pleno verano, la veo que alarga su brazo, coge su cuchara fosforita y se la lleva hasta la boca. Con ayuda de mi discreta mano, se la apalanco bien adentro y sigo mirando mi plato. Después de unas cuantas cucharadas, el equipo culinario no podemos disimular nuestra alegría al ver sus dos diminutos y separadas dientes superiores a cada cucharada que se come. Al poco, cesan sus ganas y ante la negativa de seguir comiendo retiro su planto con gesto reverencial. Es excesivo pero la alegría me subleva. Presento el segundo plato algo más relajada (ya tiene algo en el buche) pero con el mismo entusiasmo. Corto en diminutos trocitos el pollo rebozado. El pinche hace alardes de su poderío masticando con esos enormes dientes que tiene, y más que maestría me transmite repudia, pero aplaudo su gesto y lo imito, mientras ella da vueltas y vueltas al bolo alimenticio.
Finalmente engulle sólo el rebozado pero lo damos por bueno. La intención es lo que cuenta. Un poco de tomate solís y medio yogur culminan el menú. Sus largas piernas se deslizan por el cojín hasta tocar suelo. Sonriente se marcha chapoteando el suelo, y nosotros felices, descansamos. Ya queda menos para la próxima cena juntos. Qué bien.

manual práctico
de Nutrición
en Pediatría

http://www.aeped.es/pdf-docs/manualnutricion.pdf

Asociación española de pediatría
http://www.aeped.es/

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3 y 21 meses

Publicado por yolimommy en 25 Agosto 2009

Ayer llevamos al Pol a la revisión de los 3 meses y como en las anteriores, se mostró tranquilo y observador. Los 67 cms de largo y los 8 kg 600 grs de peso despertaron la risa de la enfermera al ver que se salían por encima de la gráfica.
Son medidas de un bebé de 7 u 8 meses, pero para mí no dejan de ser meras cifras que corresponden a estadísticas, y como tales, no tienen en cuenta a todos los bebés del mundo, así que me limité a sonreír al verla toda asombrada. Le pinchó en su muslito izquierdo la vacuna Prevenar y para ello se tumbó en plancha encima suyo para hacerse con la fuerza del pequeño.
Es toda una adicción contemplar sus balbuceos acompañados de risas y sonrisas intencionadas. Es uno de los mayores placeres que conozco y por poco que puedo, voy corriendo a su lado a devorarme tal espectáculo. Gritos espontáneos, un ajó bien calibrado ya y su felino “grrrrrrrrr” que tanto le satisface saber emitir. Sus manos asían con mas acierto los sonajeros improvisados que se le ponen por medio y la fuerza de su gran cuerpecito hace que ya consiga aguantar su cabeza al incorporarlo cogiéndolo de los brazos.
La Paula, hermana mayor donde las haya, le anima a hablar repitiendo estos mismos sonidos guturales. Qué cerebro más brillante, qué impoluto y virgen, y qué rápido absorbe. Qué rápido se queda con todo y eso hace controlar mi a veces poco apropiado vocabulario. El “ostia puta”, taco por mí más utilizado tanto para expresar enfado, como sorpresa, como alegría (yo tengo un cerebro mucho más simple que el suyo) lo he tenido que refinar y bueno, no me quedo igual exclamando un “ostras pedrín” tras quemarme con la bandeja del horno pero en la medida que puedo lo intento hacer y ya he conseguido que ella también lo cambie.
Conoce y utiliza un montón de palabras y expresiones, y se anima a decir cada día nuevas, y nos alegramos mutuamente cuando consigo entenderla a la primera, cosa que me resulta fácil dado que yo soy casi siempre su fuente de información (estamos todo el día y parte de la noche también, juntas), bien, yo y la tele, de la que pesca rápido melodías y coletillas de los anuncios, como el “ya lo sabía” de la cuenta naranja, o la letra del “caillou” o “Pocoyo”. Está muy alegre y risueña, y empieza a sustituir el lloriqueo para pedir las cosas, ahora me coge de la mano y me lleva hasta el objeto en cuestión, o me llama con un “mamaaaaa sa acabaooo” ensordecedor desde la otra punta del piso para que acuda a quitarle los dibujos, y me hago la sorda ante este otro gran placer.
Y es que con estos dos pequeños sobran los sentidos.

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Pol (lV)

Publicado por yolimommy en 18 Agosto 2009

Un simpático camillero me condujo hasta la sala de parto y entre contracción y contracción intentaba seguirle la conversación distendida que mantenía. Una vez allí, me pasó a la camilla paritoria haciendo uso de mis, aún medio dormidas, lumbares. Era una estancia prácticamente igual a la de la Paula, sólo que esta vez no había un reloj de pared colgado frente mío. También lo recuerdo con menos frío. Mientras las comadronas se preparaban, hablando de los días que libraban unas y otras, yo gritaba uno de mis últimos “ay, ay, ay, ay” más liberador que compungido porque el momento ya por fin se acercaba. Pensaba en lo poco que quedaba ya y me sobrepuse al cansancio de tal manera que en los escasos 4 o 5 pujes que tuve que hacer me dijeron que parase. La ginecóloga en prácticas ahí la tenía, viendo cómo conversaba con la experta Merche que me indicaba cuando debía parar para seguir explicándole “ves? Una vez la cabeza está fuera manipulamos suavemente por aquí y por allá…” (ay, por favor… no me digas que la cabeza ya está fuera)
El Xavi, animándome diciéndome que lo estaba haciendo muy bien, por la cantidad de sangre que veía salir imagino pues es lo único que alcanzaba a ver desde donde estaba.
Empujé, con todas mis ganas en la última contracción necesaria y noté una gran evacuación en mi interior, mucho menos brusca que con la Paula, y sin más, un pedazo de niño que seguía casi en la misma posición fetal, descansaba gelatinoso sobre mi pecho. Su piel cálida tocada por primera vez por el algodón de las sabanas más hospitalarias que nunca, rozada por mis emocionados dedos que temerosos de hacer el más mínimo daño se contenían de estrujarlo fuerte.
4,140 kg de gloriosa felicidad descansaban sin llorar sobre mí. Desde entonces ya puedo decir que he tocado el cielo con las manos, y dos veces, ahí es nada.

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